viernes, 12 de septiembre de 2014

LA LEY DEL MIEDO QUE SE INSTALA EN LA UNIVERSIDAD TECNOLOGICA DE PEREIRA



Se han difundido recientemente nuevas amenazas contra reconocidos liderazgos estudiantiles -y ahora profesorales- pertenecientes a la comunidad académica de la UTP. Quienes conocen de atrás el ambiente y las formas de intimidación usuales en este claustro académico, saben que esta modalidad de terror es más bien inusual. Hemos tenido en el pasado señalamientos públicos de autoridades académicas y administrativas, opinadores locales llenos de saña contra la actividad política desplegada por el movimiento estudiantil y profesoral e incluso persecuciones de naturaleza académica y disciplinaria que han desembocado en el retiro de docentes y la expulsión de estudiantes en medio de circunstancias vergonzosas, indicativas del linchamiento público que el actual rector y su círculo más cercano le han hecho a la democracia y la autonomía universitaria. Pero amenazas de muerte por parte de grupos paramilitares, aunque se habían presentado en el pasado contra el movimiento sindical y de derechos humanos de Pereira, eran desconocidas dentro de los muros del alma mater. 


El fenómeno de amenazas contra la vida de algunos dirigentes y activistas universitarios, entre los cuales se cuentan algunos que he conocido personalmente de hace años y por los cuales creo se puede poner sin pensar las manos en el fuego, se da en un contexto de agudización de las amenazas y las acciones violentas contra dirigentes sociales de diversos orígenes en todo el territorio nacional. Esta andanada parece encajar en el nuevo momento en que han entrado las pugnas al interior de los dueños del país, particularmente entre el para-uribismo y el Santismo, donde el primero piensa que incendiando el país valiéndose de su brazo  criminal, lograra inestabilizar el gobierno del segundo para quedarse con los réditos políticos derivados de la profecía de autocumplimiento del “centro democrático” sobre el deterioro de la seguridad y la entrega del país al “terrorismo”. Ahora, su manifestación en el eje cafatero, tiene algunos signos que abren las siguientes dudas razonables: 


-          ¿Quiénes son los sectores beneficiados del reflujo político en que entra el movimiento universitario en Pereira con las nombradas amenazas? ¿hace parte esta línea de conducta de una estrategia de gobernabilidad universitaria recargada con amenazas de muerte?


-          ¿Cuál es el verdadero origen de las amenazas? ¿se puede dar crédito a la versión más obvia, según la cual el grupo paramilitar “águilas negras” es su autor?


Sea cual sea la respuesta a estos interrogantes, el efecto es el esperado: desplazamiento forzado, rupturas familiares, angustias e incertidumbres, interrupción de los procesos académicos de los afectados y si, un ambiente de santa paz en el campus universitario, purgado ahora de tanto "agitador sin oficio" que se la pasaba denunciando irregularidades administrativas y atropellos académicos, en función de integrar a la comunidad universitaria dentro de las sensibilidades sociales naturales en un país injusto y urgido de cambios a fondo. Por supuesto que los viejos heroísmos según los cuales “aquí estoy, vengan por mi sin son capaces” no caben hoy y lo primero es resguardar la vida de los amenazados y sus familias, a lo cual valga decir no ayuda la absurda negativa de la unidad nacional de protección a proporcionar esquemas de seguridad a los afectados “porque no tienen personería jurídica” y son unos simples estudiantes. Algunos malquerientes en su morbo, quisieran ver correr sangre y otros más cautos, no esperan que no suceda por el martirologio en que colocaría a estos dirigentes estudiantiles una acción contra sus vidas, mientras que la institucionalidad de la universidad, apoya en forma apenas perceptible con algunos recursos y alguno tímido comunicado emitido hace ya días.



Quiero hacer llegar mi saludo entrañable a mis amigos Victor, Julian, Karen, Alexis, Yuli, entre otros de los perseguidos de la UTP y sumarme a las voces que decimos con orgullo que hemos aportado para que el ejercicio de la política desde una perspectiva de cambio de las actuales estructuras de poder, sea lo suficientemente importante en Pereira como para que algunos mandaderos del terror quieran silenciar con la torpe cobardía de un par de panfletos electrónicos esta gesta imprescindible. Pedir que los procesos judiciales para identificar y castigar a los creadores de esta ley del miedo marchen con celeridad, siempre está de más en el país de la impunidad, pero no obsta para que sea más clara que nunca la responsabilidad absoluta que el estado Colombiano tiene sobre la vida e integridad de nuestros compañeros y sus familias. La UTP tiene otro tanto de esta responsabilidad, brindando las garantías para la continuidad de las actividades académicas de los perseguidos y por una vez en los últimos 14 años, enfrentándose en forma enérgica a las fuerzas de la ilegalidad que tanto se han enseñoreado del campus, antes bajo la forma de las drogas y sus patrones, ahora detrás de las armas que quieren ponerle una mortaja a la lucha política y académica, más antigua y solemne esta que cualquier intimidación y cualquier delirio autoritario. La tradición de lucha de nuestros estudiantes y profesores será en todo caso, superior al espanto.

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